Claudia Sheinbaum, Izquierda

Las razones de los aliados  morenistas

Los aliados de Morena tienen razones legítimas y válidas para no apoyar la reforma electoral de Claudia Sheinbaum. Negarse a apoyarla no los hace traidores, como señalan algunas voces cercanas a la 4T. Estos partidos han esgrimido razones válidas más allá de la mera defensa de sus intereses, que obviamente los tienen.

Esas razones son especialmente válidas en el caso del PT que, a diferencia del Verde, ha sido un aliado fundamental del obradorismo desde hace años. Recordemos que es el único partido que en su momento no reconoció la elección de Felipe Calderón, que le prestó sus siglas al movimiento y ha acompañado todas las grandes reformas de la 4T. Incluso muchas de las críticas del PT a la reforma rebasan a Morena por izquierda.

Recordemos la fórmula que se propone para elegir diputados de representación proporcional: 100 serían electos a partir de los primeros perdedores en las elecciones distritales de mayoría simple; los otros 100 se elegirían en listas abiertas.

En principio suena bien y bonito que la decisión de los pluris no recaiga en los nefastos líderes de los partidos y que los candidatos tengan que hacer campaña en el territorio. Pero no se puede negar que, detrás de esto, también hay un afán hegemónico por parte de Morena que afecta incluso a sus propios aliados.

La fórmula favorecería a Morena porque el elector podría votar hasta dos veces por ese partido (una vez por mayoría y otra por la vía de la representación proporiconal), reduciendo las posibilidades de otras fuerzas de llegar al Congreso.

Además, los 100 candidatos que serán electos en listas abiertas en las cinco circunscripciones plurinominales en las que se divide el país le darían un peso mucho mayor a ciertas entidades y dejaría con casi o ninguna representación a otras.

Por ejemplo: en la quinta circunscripción casi todas las diputaciones se las llevaría Edomex. En la cuarta, la Ciudad de México, en la tercera Veracruz, en la segunda y en la primera Jalisco.

Reducir el número de senadores, y eliminar los 32 que llegan por lista nacional, en principio parecería una buena idea. El problema es que fomenta un Senado bipartidista y a quienes más beneficia es a Morena y al PAN. ¿Acaso no es legítimo que el PT y el Verde se opongan a algo así?

¿Acaso no es legítimo también que el PT, un partido de izquierda, critique también la pretensión de Morena de reducir los tiempos oficiales de los partidos en radio y tv haciéndole un favor a las televisoras?

Reducir el 25% del presupuesto que se destina a los partidos también suena bien. El problema es que seguirá existiendo una enorme iniquidad porque se mantiene una regla según la cual 70% de esos recursos se distribuyen de acuerdo al resultado que los partidos obtuvieron en la última elección. Por tanto, no se trata solo de reducir los dineros, sino de distribuirlos de forma más equitativa.

Pese a las críticas que les podamos hacer, los aliados de Morena han aumentado considerablemente la fuerza de la 4T. Basta comparar lo que ocurrió en 2021 con lo que pasó en 2024: En la elección intermedia del 21 estos tres partidos decidieron ir juntos en la elección para diputados solo en 183 distritos y perdieron la mayoría calificada. En la elección del 24, en cambio, decidieron ir juntos en 260 y ganaron una mayoría abrumadora.

Un partido, por si solo, no puede tener más de 300 diputados, con lo que no puede tener mayoría para reformar la constitución. Por eso jugar con la alianza de Morena con el PT y el Partido Verde no es una buena opción. Los asesores de la presidenta deberían saberlo y decírselo. Quizás deberían también recordarle que basta con que el PT y el Verde se coaliguen con Movimiento Ciudadano en el 27 para poner en serios aprietos la gobernabilidad del país.

Honestamente, ¿para qué jugar con fuego?

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